Tristan e Iseo
Tristan e Iseo El rey Marcos decidió casarse en breve plazo. Envió sus mensajeros hasta los confines de su reino para enunciar a todos sus barones que las bodas tendrían lugar en el plazo de dieciocho días. Llegó la mañana en que el rey debía tomar por mujer a la rubia Iseo. Las campanas del monasterio repicaron, las calles se adornaron de paños bordados y tapices venidos de tierras lejanas, la tierra se cubrió de flores. Doscientos barones, una multitud de caballeros y donceles vestidos de vero y de seda, quinientas damas y doncellas, con los cabellos trenzados y adornados con oro, formaban el cortejo de la reina. Un arzobispo, dos obispos y el abad del Monte de San Miguel, con un tropel de clérigos, curas y monaguillos, salieron al encuentro de la rubia Iseo. Todos admiraban su gracia y su belleza. La reina recibió el anillo y ciñó la corona. Luego, la alegre comitiva se dirigió al palacio, donde se celebró el festín.