Tristan e Iseo

Tristan e Iseo

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Entre tanto Tristán, Iseo y Governal se adentraron en el bosque salvaje. Durante un tiempo llevaron una vida errante, durmiendo en el suelo, cambiando cada noche de refugio. Tristán era un excelente arquero. Su habilidad le habría bastado para asegurarse su sustento, pero no tenía ni arco ni flechas. Governal robó uno a un florestero[26] con dos flechas bien emplumadas y arpadas. Todos los días salía Tristán de caza. Se ponía al acecho, veía un corzo, empulgaba el arco y disparaba: el animal, herido en el flanco derecho, grita, salta y vuelve a caer. Al anochecer regresa con buena provisión de ciervos, corzos y gamos. Carecían de pan y de sal, pero Tristán lo conseguía trocando una parte de su caza por unos panes de cebada y unos puñados de sal morena a unos pastores que guardaban sus ovejas en las lindes del bosque. Governal hacía un gran fuego y cocinaba la caza. Tristán era diestro en el arte de la pesca y dicen las gentes de Cornualla que fue el primero en usar la caña.








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