Tristan e Iseo

Tristan e Iseo

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—Señor, está en su trono con sus caballeros. Entrad. Veréis la Tabla Redonda que gira como el mundo.

Perinís entra en palacio. En una gran sala adornada con frescos y cortinas, encuentra al rey Arturo rodeado de sus caballeros:

—Dios salve al rey Arturo y a toda su compañía —saluda gentilmente Perinís—, de parte de mi señora, la reina Iseo de Cornualla.

—Que el Dios del cielo la salve y la guarde —responde Arturo—. Mucho me place escuchar su mensaje.

—Señor. Os diré el motivo de mi viaje. La reina se reconcilió públicamente con su esposo y Tristán ofreció luchar para mostrar su inocencia. No hubo nadie capaz de recoger su desafío. Ahora, los barones felones que odian a Tristán han pedido al rey que exija el juramento de la reina. Marcos vacila: ora escucha a los unos, ora a los otros. Nadie hay en la corte que sea del linaje de Iseo. Por eso os suplica que, dentro de doce días, acudáis al Vado Aventurero para que, una vez justificada la reina, podáis servir de garantes.

Arturo lo aprueba. Galván, Girflet e Iván, hijo de Urien, juran que tomarán buena venganza de los traidores. Luego preparan minuciosamente su viaje a Cornualla.


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