Tristan e Iseo
Tristan e Iseo A la mañana siguiente, antes de salir el sol, Tristán, acompañado de Kaherdín, salió del castillo armado y, ocultándose entre los bosques cercanos, lograron acercarse hasta el campamento y robar una carreta de provisiones con la que lograron abastecer el castillo durante una semana. A partir de ese día Tristán y su compañero multiplicaron sus salidas, hasta que llegaron noticias de la venida de dos sobrinos de Hoel con nuevos refuerzos y provisiones. El duque otorgó a Tristán el mando de las nuevas tropas. Tanto acosaron al conde rebelde que le obligaron a levantar el cerco y a huir a una ciudad gobernada por uno de sus aliados. Un día, al regresar al castillo, Kaherdín cayó en una emboscada en la que habría perecido de no acudir en su ayuda Tristán.
Los dos compañeros atacaron con sus tropas la ciudad en la que el conde se había hecho fuerte. En vano los sitiados la defendieron con ahínco, arrojando lanzas, saetas, venablos, dardos y piedras. Tras dura lucha, los asaltantes tomaron la torre y el conde Riol, vencido, tuvo que pedir la paz y restituir al duque sus tierras y posesiones.
El viejo duque hizo grandes honores a Tristán como convenía por su audacia y sabio consejo.