Tristan e Iseo
Tristan e Iseo El rey convocó a sus barones a cortes plenarias. Hubo grandes fiestas y, después del yantar, grandes juegos de esgrima y palestra, saltos galeses y galveses, concursos de tiro: se lanzaron dardos, jabalinas, lanzas y los caballeros participaron en justas y torneos. Tristán y Kaherdín se destacaron por su valentía y toda la asamblea se preguntaba quiénes podrían ser tan buenos luchadores. Realizaron grandes proezas sin ser reconocidos. En las lides, Kaherdín derribó y mató a Andret, vengando el oprobio que había hecho caer sobre él y cumpliendo la promesa que Tristán había hecho a Brangel. Los cornualleses deseaban vengar al conde; por fortuna, Dinas reconoció a Tristán y acudió en su ayuda con los dos mejores caballos del país, ensillados y dispuestos para la marcha. No tenían más remedio que huir si querían preservar sus vidas. A galope tendido, sin dejar de espolear sus corceles, corrieron hacia el mar, hasta desaparecer de la vista de las gentes de Cornualla. Embarcaron en la nave presta para zarpar, contentos de la venganza que habían tomado contra Andret, el maldiciente.