Tristan e Iseo
Tristan e Iseo Hace muchos años reinó en Cornualla un poderoso rey llamado Marcos. Tuvo que hacer frente a una dura lucha contra sus vecinos que muchas veces penetraban en su territorio y devastaban sus campos y sembrados. Rivalín, señor de Leonís, tuvo noticias de la guerra y acudió en su ayuda. Sirvió al rey Marcos con su consejo y su espada como si fuera uno de sus vasallos porque deseaba conquistar con sus hazañas a la bella hermana de Marcos, Blancaflor. Cuando se hicieron las paces el rey se la dio en recompensa.
Las bodas se celebraron en el monasterio de Tintagel, donde Marcos tenía su corte. Luego Rivalín regresó a sus tierras llevando consigo a Blancaflor. No fue largo el tiempo del solaz para los jóvenes esposos; no había transcurrido un año cuando llegaron noticias a Rivalín de que su viejo enemigo, el duque Morgan, se había sublevado y saqueaba sus burgos y ciudades. Rivalín publicó su bando, reunió sus huestes, confió la reina encinta a su mariscal Roald, al que por su fidelidad todos llamaban el Feguardante, y marchó a guerrear a los confines de sus reinos. Roald condujo a la reina al castillo de Kanoel, donde fue recibida con los honores que correspondían a su rango.
La guerra fue dura. Rivalín y sus barones causaron grandes pérdidas en las tropas de sus enemigos, pero en uno de los combates Rivalín perdió la vida.