Tristan e Iseo
Tristan e Iseo —Las usanzas de tu paÃs son nobles —le respondieron—. Acompáñanos a la corte pues nuestro rey, que es gentil y cortés, se alegrará al verte.
Mientras cabalgaban, los monteros buscaron la manera de averiguar quién era este joven y de qué paÃs procedÃa que tenÃa tan nobles costumbres.
—Parecéis cortés y bien enseñado —le dijo el montero mayor—. Debéis de ser hijo de un gran noble extranjero.
—Mi nombre es Tristán. Mi padre no era un noble caballero: soy hijo de un mercader de LeonÃs a quien sus viajes llevaron a paÃses diferentes y le enseñaron las más nobles costumbres.
—Noble y cortés debe de ser tu paÃs —le respondió el montero extrañado— cuando los hijos de mercaderes poseen tan bellas costumbres y son tan diestros en el arte de monterÃa.