Tristan e Iseo
Tristan e Iseo A cambio de satisfacer el pago de una blanca esterlina el preboste accedió a su petición. Governal regresó a la nave satisfecho del resultado de su embajada. Entraron la nave en el puerto, la anclaron y cargaron las velas. Después dispusieron las mesas y cenaron alegremente. Bebieron, jugaron al ajedrez, a las tablas y a los dados y se divirtieron con toda la suerte de juegos que corresponden a caballeros.
A la mañana siguiente cada uno de ellos se atavió a guisa de mercader. Vistieron sayo de paño burdo, calzaron bastos brodequines y se echaron sobre los hombros un capote tazado. Bajaron a tierra con sacos y canastas, un bastón claveteado del brazo. Llevaban asnos cargados de calderos, cazos, sartenes, lebrillos, pucheros, cuchillos, navajas y todo tipo de utensilios domésticos; agujas, hilos, piezas de grueso camelote; tejidos de precio como el aceituní, la escarlata, el cendal; orfreses, hilos de oro, pasamanerías, pieles de vero y marta cibelina; especies como el anís, el clavo, la canela; piedras preciosas como carbunclos, berilos, esmeraldas y topacios; instrumentos diversos: flautas, jugas, chirimías; perros adiestrados para la caza, gavilanes de Noruega y halcones de Cerdeña. Tristán los acompañaba con una carga de jihuelas, cascabeles y capirotes de cuero.