Tristan e Iseo
Tristan e Iseo —Sà —dijo la dama—. Más de veinte caballeros, de los más fieros y avezados en la lucha, lo intentaron. Pero todos perecieron devorados por el dragón. El rey Gormón ha puesto en pregón que dará a su hija y la mitad de su reino a quien logre matarlo. Mas ya nadie se atreve a enfrentarse con la bestia y los más valientes huyen al oÃrla acercarse.
Tristán regresó a la nave. Tomó en secreto sus armas y arneses. Desembarcó su caballo y lo montó. Salió al galope, llevando escudo y lanza, espada ceñida y yelmo enlazado, y se dirigió hacia la puerta que la mujer le habÃa mostrado. Nadie pudo verlo: el puesto estaba desierto por temor a la terrible serpiente. Mientras cabalgaba, cruzó en su camino a un caballero armado que volvÃa precipitadamente hacia la ciudad, las riendas sueltas y espoleando su caballo con todas sus fuerzas, como aquel que escapa a una gran apretura. Tristán lo agarró por sus largas trenzas rojizas:
—¡Dios os salve!, caballero —le dijo—. Decidme, ¿por qué camino viene el dragón?