Despierta
Despierta Observa cómo has vivido hasta ahora. ¿Cuántas veces has pensado que serías feliz si las cosas fueran diferentes? ¿Cuántas veces has postergado tu paz esperando que algo externo cambie? Y cuando eso cambió, ¿realmente encontraste la felicidad permanente o simplemente surgió una nueva meta, una nueva preocupación?
La única forma de escapar de esta trampa es comprender que no necesitas nada para ser feliz. La verdadera felicidad no tiene causa. Es la ausencia de deseos, la ausencia de necesidad, la capacidad de vivir plenamente el presente sin exigir que sea diferente. No significa que renuncies a tus objetivos o a tus relaciones, sino que dejes de depender de ellos para sentirte bien.
Cuando entiendes esto, descubres que la felicidad no es algo que se persigue, sino algo que ya está dentro de ti. Pero para verla, primero debes soltar la idea de que está en otra parte.
Desde que naciste, te han llenado de ideas sobre quién eres, cómo deberías comportarte y qué deberías desear. Todo lo que crees saber sobre ti mismo y el mundo ha sido aprendido, absorbido de tu entorno, de tu cultura, de tu educación. No cuestionas estas creencias porque forman parte de tu identidad. Sin embargo, la mayoría de ellas son falsas, limitantes y te mantienen dormido.
