Safari. A la caza de tu amor
Safari. A la caza de tu amor Noa se quedó en silencio, sorprendida por la intensidad de sus palabras. Por primera vez desde que llegó, sintió algo parecido a un desafío real. Y aunque no estaba dispuesta a decírselo, una parte de ella quería enfrentarlo.
La jornada continuó bajo un sol implacable. Alonso le enseñó cómo reforzar las cercas y reconocer señales de peligro en el terreno. Noa, aunque torpe al principio, empezó a captar las lecciones con más rapidez de la que ambos esperaban.
Cuando el día finalmente terminó, se sentaron en silencio junto a una fogata improvisada, viendo cómo el cielo se teñía de naranja y púrpura.
—A veces me pregunto qué demonios estoy haciendo aquí —murmuró Noa, más para sí misma que para Alonso.
Él la miró, su rostro suavizado por las sombras de la noche que se acercaba. —Tal vez encontrando algo que no sabías que necesitabas.
Noa no respondió. Pero mientras las estrellas comenzaban a brillar en el cielo, algo dentro de ella empezó a cambiar. No podía nombrarlo aún, pero sabía que el camino por delante no sería el mismo.