Safari. A la caza de tu amor
Safari. A la caza de tu amor La sabana, al amanecer, era un lienzo silencioso. El rugido de la vida que solÃa resonar en los dÃas calurosos estaba ausente, reemplazado por un vacÃo que Noa no podÃa ignorar. Caminaba junto a Alonso por un sendero polvoriento, con los sonidos de sus botas aplastando la tierra como único testigo.
Desde la tormenta, algo habÃa cambiado entre ellos. HabÃan dejado de lanzarse puyas cada vez que sus caminos se cruzaban, pero el silencio entre ambos pesaba más que cualquier discusión. Noa no sabÃa si le molestaba más la indiferencia de Alonso o la incertidumbre que ahora sentÃa cada vez que él la miraba.
—Hoy no hay mucho que revisar —dijo Alonso, rompiendo finalmente el mutismo mientras señalaba una formación rocosa en la distancia—. Los elefantes pasaron por aquà anoche. Dejaron las pozas intactas.
—Genial, otra cosa que no tengo que agradecerte —respondió ella, aunque su tono carecÃa de la habitual mordacidad.
Alonso la miró de reojo, dejando que una ligera sonrisa cruzara su rostro antes de desaparecer. —Vaya, creo que fue lo más cerca que has estado de ser agradable.
Noa bufó. —No te emociones, Tarzán. No estoy aquà para hacer amigos.
