Safari. A la caza de tu amor
Safari. A la caza de tu amor —No, estás aquà porque te echaron de tu castillo de cristal —dijo él, deteniéndose para mirarla directamente—. Y por lo que he visto, ni siquiera sabes por qué.
Noa sintió que la sangre le hervÃa. —No tienes idea de lo que he vivido, asà que no te atrevas a…
—¡Entonces dilo! —la interrumpió él, alzando la voz—. ¿Por qué estás aqu� ¿Por qué aceptaste esto en lugar de quedarte en Valencia, suplicándole a tu papá que te devolviera tus juguetes?
El eco de sus palabras se perdió en la inmensidad de la sabana. Noa sintió un nudo en la garganta, pero no iba a dejar que él lo notara.
—Estoy aquà porque no tenÃa otra opción —confesó finalmente, su voz cargada de rabia contenida—. Porque descubrà que todo lo que creÃa mÃo podÃa desaparecer en un instante.
Alonso la miró en silencio, dejando que sus palabras se asentaran. Finalmente, asintió, como si reconociera algo en ella que antes no habÃa visto.
—Bienvenida al mundo real, niñata . Aquà todos aprendemos eso tarde o temprano.
Caminaron en silencio el resto del trayecto, cada uno sumido en sus propios pensamientos. Pero cuando regresaron al resort al atardecer, el peso entre ellos parecÃa haberse aligerado.