Safari. A la caza de tu amor
Safari. A la caza de tu amor Alonso respondió con una media sonrisa que bordeaba lo cruel. —Y tú eres lo que llaman directora. Encantado de conocerte, niñata .
La palabra la golpeó como una bala. —¿Perdona? —replicó, levantando una ceja.
—Dime algo, señorita Montalbo. ¿Cuánto tiempo crees que sobrevivirÃas aquà sola? —continuó Alonso mientras cargaba sus maletas con una facilidad que subrayaba el contraste entre ellos—. Porque, para ser sincero, no estoy convencido de que dure ni un dÃa.
Noa apretó los dientes. HabÃa soportado a su padre dictándole cómo debÃa vivir, pero esto era una nueva humillación. HabÃa sido enviada a Kenia bajo amenaza de perderlo todo: su apartamento, su coche, su acceso ilimitado a una vida de lujo. Y ahora este hombre, con su actitud de "Tarzán de pacotilla", se atrevÃa a cuestionarla.
El jeep arrancó con un rugido, dejando atrás el aeropuerto y adentrándose en un paisaje vasto e intimidante. Noa intentó concentrarse en su móvil, pero la falta de cobertura y el calor opresivo pronto la derrotaron.
—Esto es un infierno —murmuró.
—Eso —dijo Alonso, sin apartar los ojos del camino—, es porque no has visto nada aún.
