Safari. A la caza de tu amor
Safari. A la caza de tu amor La tensión entre ambos era palpable, un campo eléctrico que vibraba con cada palabra y mirada. Durante el trayecto, Alonso parecÃa disfrutar de su incomodidad, mientras ella trataba de mantener una fachada de control.
Finalmente, llegaron al resort: un oasis de lujo enclavado en medio de la nada. Pero incluso allÃ, la opulencia parecÃa amenazada por la vastedad y el salvajismo del entorno.
—Aquà te dejo, jefa —dijo Alonso con sarcasmo mientras descargaba las maletas—. Buena suerte. La vas a necesitar.
Noa no respondió. Observó cómo se alejaba, con su andar seguro y despreocupado. Algo en él la irritaba profundamente... y también la inquietaba.
—Tendré que acostumbrarme a esto, aunque sea a la fuerza— , pensó mientras miraba las estrellas que comenzaban a asomarse en el cielo. Pero lo que aún no sabÃa era que la verdadera batalla no serÃa con Alonso, ni con la sabana. SerÃa con ella misma.
—No tienes idea de con quién estás jugando, Tarzán trasnochado —murmuró para sÃ, mientras cerraba la puerta de su nueva habitación con un golpe.
Y, en el silencio de la noche africana, comenzó su exilio en el edén.
