Safari. A la caza de tu amor
Safari. A la caza de tu amor El calor al mediodÃa parecÃa derretir el horizonte, haciendo que la sabana temblara como un espejismo. Noa estaba de pie junto a un Land Rover, con las manos en la cintura, mientras Alonso ajustaba unas cuerdas en la parte trasera del vehÃculo. La idea de salir a una excursión por los alrededores la horrorizaba tanto como le intrigaba.
—¿Es absolutamente necesario que venga? —preguntó con un tono gélido, mientras miraba de reojo a Alonso.
—¿Te crees que esto es un resort de vacaciones? —respondió él sin levantar la vista—. Si quieres aprender a manejar este lugar, tienes que salir al campo. Asà que, sÃ, es necesario.
Noa suspiró dramáticamente, asegurándose de que Alonso lo notara. Subió al vehÃculo con desgana, ajustando su sombrero de ala ancha. Mientras el jeep avanzaba por senderos polvorientos, la vastedad del paisaje la abrumaba. Kilómetros y kilómetros de tierra, salpicados aquà y allá por acacias solitarias y la promesa de peligros invisibles.
—¿Qué hacemos exactamente aquÃ? —preguntó después de un largo silencio, aunque su tono seguÃa cargado de irritación.
