Safari. A la caza de tu amor
Safari. A la caza de tu amor —Revisar los pozos de agua y comprobar que los generadores funcionan —respondió Alonso sin emoción—. La supervivencia aquà depende de cosas que probablemente no valoras.
—Qué poético —murmuró ella, con sarcasmo.
Alonso soltó una risa breve, seca. —Para alguien que vive en un mundo de champán y alfombras rojas, me sorprende que hayas llegado tan lejos sin romperte una uña.
—Para alguien que parece haber salido de una cueva, te sorprende mucho lo que no entiendes de mà —replicó ella con rapidez.
El jeep se detuvo en seco. Alonso giró hacia ella, quitándose las gafas de sol para revelar unos ojos oscuros, duros como el basalto.
—¿Quieres que lo entiendan? Entonces deja de comportarte como una crÃa mimada. Aquà no importa quién eres ni de dónde vienes. La sabana no perdona, y si no aprendes eso rápido, será lo último que aprendas.
El silencio que siguió fue espeso, más pesado que el aire caliente. Noa abrió la boca para responder, pero algo en la mirada de Alonso la hizo callar. Por primera vez en mucho tiempo, sintió una chispa de respeto mezclada con rabia.
