El mundo de Guillaume Apollinaire
El mundo de Guillaume Apollinaire Pasé casi toda la noche midiendo el boulevard Saint-Germain con Afred Jarry, y conversando de blasones, de herejías, de versificación. Me habló de los marineros entre los cuales vivía una gran parte del año, de las marionetas con las cuales había hecho representar Ubú por primera vez. La voz de Alfred Jarry era clara, grave, rápida y a veces enfática. Cesaba de golpe de hablar para sonreír y bruscamente volvía a ponerse serio. Su frente se agitaba sin cesar, pero a lo largo y no a lo alto como se ve generalmente. Hacia las cuatro de la mañana, un hombre se acercó a nosotros para preguntarnos por el camino de Plaisance. Jarry sacó rápidamente un revólver, intimó al transeúnte ordenándole retroceder seis pasos y le dio la información. Nos separamos enseguida y él volvió a su grande mansión de la calle Cassette donde me invitó a ir a verlo.
—¿El señor Alfred Jarry?
—En el tercero y medio.
Esa respuesta de la portera me asombró. Subí a lo de Alfred Jarry que efectivamente vivía en el tercero y medio. Habiéndole parecido al propietario muy altos de techo los pisos de la casa, los había desdoblado. Ese edificio, que existe aún, tiene de esa manera quince pisos, pero como, en definitiva, no es más elevado que las otras casas del barrio, no es sino una reducción de rascacielo.