El mundo de Guillaume Apollinaire
El mundo de Guillaume Apollinaire A su regreso de Grands Lemps adonde había ido a trabajar con Claude Terrasse, vino a buscarme a un bar inglés de la calle de Amsterdam donde yo iba asiduamente. Cenamos allí y como Jarry tenía oros, quiso pagarme Bostock. En las últimas galerías, espantó a sus vecinos hablándoles sobre los leones, revelándoles ciertos secretos horripilantes de su doma. El olor de las fieras lo embriagaba. Pretendía haber cazado a la pantera en un jardín de la calle de la Tour des Dames. En verdad, eran jóvenes panteras que se habían escapado de su jaula abierta por descuido. He ahí a los huéspedes de Jarry bien complicados y bien listos para matar a las pobres y pequeñas panteras, a tiro de rifle desde las ventanas.
—No hagan nada —dijo Jarry— yo me encargo de todo.
Había en el comedor donde él se hallaba una armadura a su medida. Se armó de caballero, y, completamente acorazado de hierro, bajó al jardín sosteniendo un vaso en su manopla. Las bestias feroces saltan y Jarry les presenta el vaso vacío. Domadas de inmediato, lo siguen y vuelven a entrar en su jaula que él cierra.