El paseante de las dos orillas

El paseante de las dos orillas

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Cuando la Guardia Nacional fue suprimida, el hotel Des Haricots se encontró sin finalidad, y la ciudad hizo de él su depósito del alumbrado. Tal cual, constituye un museo bastante curioso, propio para alumbrar —es la palabra— sobre la forma en que se iluminan, por la noche, las calles parisinas.

No hay más que unos pocos faroles antiguos. Han sido vendidos a los municipios suburbanos, pero a cambio, ¡qué bosque sin sombra, fustes de fundición, liras, farolas de gas y eléctricas!

Casi no hay nada de bronce; sólo hay farolas de esta aleación cara en la Ópera. Antaño, se encobraba la fundición, y este encobrado suponía casi 200 francos por farola.

Hoy la ciudad economiza más, solamente se pintan las farolas de un color bronceado, y la operación supone unos 3 francos.

Las más grandes y las más altas farolas son las del modelo llamado bulevar. Y están también las ménsulas que se utilizan en los ángulos y en las calles con aceras estrechas.

Pero es lamentable que la ciudad no haya conservado, almacenados, en lugar de venderlos, al menos un espécimen de cada aparato de alumbrado.


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