El paseante de las dos orillas
El paseante de las dos orillas »Si hay que señalar una diferencia, quizá la parte de imaginación del viejo Delille no fuera la más limitada. En la medida en que podemos juzgar en la distancia a que estamos de sus obras y su tiempo, el abad Jacques bebía menos del fondo público. Las descripciones del señor Leconte de Lisle están repletas de reminiscencias plásticas que se nutren de la arquitectura, la estatuaria, la pintura y el dibujo, además se sirve de él considerablemente toda nuestra poesía materialista, sobre todo en los vastos y abundantes dominios de sus caprichos».
No estoy lejos de pensar, por lo demás, que el arte del abad Delille no haya ejercido una verdadera influencia sobre los parnasianos.
Ellos no lo reconocían porque era entonces un poeta demasiado desprestigiado y porque, sin duda, en el Parnasse Choiseul[12], había que hablar de Leconte de Lisie y no de Jacques Delille.
El señor Anatole France lo compensaba en la tienda de la calle de Saint-André-des-Arts.
La librería existe todavía, su aspecto no ha cambiado, la lleva ahora otro librero que conoce bien su oficio, pero no tiene por los libros ese respeto supersticioso que les confería Lehec.