El paseante de las dos orillas
El paseante de las dos orillas Conocí al señor Paul Birault en 1910, cuando me hizo el honor de imprimir mi primer libro: El encantador en putrefacción. El señor Birault se había establecido en esa época como impresor en aquel convento que entonces se encontraba al final de la calle de Douai, esquina con la plaza Clichy. Ya había impreso mi primer prólogo a un catálogo de pintura, el de la primera exposición del pintor Georges Braque, cubista célebre, ilustre acordeonista, reformador del traje mucho antes que la familia Delaunay, y bailarín emérito de giga, pues creo que las inquietudes de la pintura le hicieron renunciar al baile en 1915 justo cuando más se bailaba. Gracias a sus relaciones con el pintor Kees van Dongen, Paul Birault se había vuelto, y lo es aún hoy, el impresor habitual del editor del catálogo y de mi libro.
Había quedado claro que yo dirigiría la impresión conjuntamente con el ilustrador de la obra, mi amigo André Derain, que había grabado las más hermosas maderas modernas que yo conozca.