La mujer sentada

La mujer sentada

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»Durante la segunda noche el conde Pr… hizo lanzar sobre la ciudad de G… unos obuses llenos de gas venenoso al que, recordando las alcancías de los moros de Granada, había mandado añadir los más sutiles perfumes que aromatizaron la ciudad asediada, y los olores más variados, y los más violentos, se sucedieron hasta el alba, mientras que el frente de las trincheras se iluminaba con una maravillosa pirotecnia de cohetes de todos los colores que ascendían sin cesar y que morían lentamente. La guarnición rusa y la casi totalidad de la población de G… perecieron por ese concierto, junto a la amada del conde Pr…, a quien éste halló muerta sobre el cadáver de su amante. En cuanto a la amante de éste, que hasta entonces se había resistido al deseo del vencedor, hubo de ceder ante su violencia, mas esa misma noche apuñaló al conde Pr…, que se había dormido empachado de carne y ebrio de hidromiel y de tokay centenarios, tras lo cual una última ráfaga disparada de lejos por las baterías rusas dejó caer un obús sobre el palacete en el que vivía la joven viuda y la mató, de manera que en el acorde final del sangriento concierto, no quedaba ninguno de los cuatro amantes polacos.»

La princesa Nathalie Teleshkin añadió:

«Esta historia me ha llegado en una carta de Rusia. ¿Hay algo más precario que el amor, en todos los tiempos? No le asombre, mi querido Pablo, que lo sea aún más en tiempos de guerra».


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