Seleccion poetica
Seleccion poetica Pero yo tenía conciencia de las diferentes eternidades del hombre y de la mujer. Dos animales disparejos se amaban. Sin embargo, sólo los reyes no morían de esa risa y veinte sastres ciegos vinieron con el fin de cortar y coser un velo destinado a cubrir la sardónica. Yo mismo les dirigía, a reculones. Por la tarde, los árboles emprendieron el vuelo, los monos se quedaron inmóviles y yo me vi centuplicado. El tropel que yo era se sentó al borde del mar. Grandes naves de oro pasaban por el horizonte. Y cuando se hizo completamente de noche, cien llamas vinieron a mi encuentro. Procreé cien hijos varones cuyas nodrizas fueron la Luna y la colina. Los niños amaron a los reyes sin huesos que eran agitados en los balcones. Llegado al borde de un río, lo tomé con ambas manos y lo blandí. Esta espada apagó mi sed. Y la fuente lánguida me advirtió que si yo detenía el Sol lo vería, en realidad cuadrado. Centuplicado, yo nadaba hacia un archipiélago. Cien marineros me acogieron y, después de llevarme a un palacio, me mataron noventa y nueve veces. Estallé de risa en ese momento y bailé mientras ellos lloraban. Bailaba a cuatro patas. Los marineros no osaban moverse porque yo tenía el aspecto pavoroso de un león.
A cuatro patas, a cuatro patas.
Mis brazos y mis piernas se parecían y mis ojos multiplicados me coronaban atentamente. Me volví a levantar después para bailar como las manos y las hojas.