Dinero
Dinero MUJER. ¿Había más gente para rogar al dios?
CARIÓN. Sí, sobre todo un tal Neoclides, que es ciego, pero que en robar supera a los videntes
[62], y muchas otras personas con toda clase de enfermedades. Cuando el servidor del dios apagó las lámparas y nos indicó que durmiéramos, diciéndonos que mantuviéramos silencio si alguno oía ruido, todos nos tumbamos en orden y concierto. Pero yo no podía dormirme, que me tenía en vilo una tartera de gachas que una viejecita tenía cerca de la cabeza: yo ardía en deseos de deslizarme hacia ella. Después levanté la vista y observé que el sacerdote cogía de la mesa sagrada los pasteles y los higos secos. A continuación hizo un recorrido completo por todos los altares por si había quedado alguna ofrenda en alguna parte. Y si era así las consagraba… en su bolsa. Así es que yo, pensando que era una acción muy santa, me levanté para acercarme a la tartera de las gachas.MUJER. ¡Sinvergüenza!; ¿no tenías miedo del dios?