Dinero
Dinero CARIÓN. ¡De boquilla! Yo no voy a parar hasta que me digas quién rayos es este tÃo. Te lo pregunto con la mejor intención del mundo.
CRÉMILO. No voy a ocultártelo, que de mis criados te tengo por el más fiel y el más… ladrón. A mÃ, aun siendo hombre piadoso y honrado, me iban mal las cosas y era pobre.
CARIÓN. Ya lo sé, ya.
CRÉMILO. En cambio, otros eran ricos: los roba templos, los polÃticos, los delatores y los granujas.
CARIÓN. Es verdad.
CRÉMILO. Asà que fui a consultar al oráculo al templo del dios, porque mi vida, desgraciado como soy, considero que ya para el caso ha jugado su baza, pero querÃa preguntar si mi hijo, que es el único que tengo, lo que tiene que hacer es cambiar de manera de ser y volverse canalla, delincuente, un sinvergüenza total, porque para la vida creo que eso es lo único provechoso.
CARIÓN. «¿Qué proclamó Febo desde su santuario repleto de guirnaldas?»
[5].CRÉMILO. Verás. El dios me dijo con mucha claridad esto: me ordenó que al primero que me encontrara al salir no lo perdiera de vista, y que lo convenciera de que me acompañase a casa.
CARIÓN. Y, ¿quién fue el primero que te encontraste?