Dinero
Dinero (Entra en escena el SACERDOTE de Zeus.)
SACERDOTE. ¿Quién puede decirme con seguridad dónde está Crémilo?
(CRÉMILO sale de su casa.)
CRÉMILO. ¿Qué hay, buen hombre?
SACERDOTE. ¿Qué va a haber sino una desgracia total? Desde que el Dinero ese empezó a ver, estoy muerto de hambre: no tengo nada que comer, y eso que soy el Sacerdote de Zeus Salvador.
CRÉMILO. ¡Por los dioses!, y eso, ¿por qué?
SACERDOTE. Ya nadie quiere ofrecer sacrificios.
CRÉMILO. ¿Cómo es eso?
SACERDOTE. Porque todos son ricos. Antes, cuando no tenÃan nada, a lo mejor un comerciante, al regresar de un viaje, te ofrecÃa un sacrificio por volver sano y salvo, o bien un acusado por salir absuelto; otro, por ejemplo, por haber obtenido presagios favorables me invitaba también a mÃ, el sacerdote. Pero es que ahora no hay ni uno que ofrezca sacrificios o que venga al templo ni por casualidad, a no ser los que vienen a cagar: eso, más de diez mil.
CRÉMILO. (Aparte.) ¿Es que no recibes entonces de ésos lo de costumbre?