Las Avispas
Las Avispas FILOCLEÓN.-(Asomándose a la ventana.) Hace rato, amigos mÃos, que os oigo desde esta ventana y deseo responderos; pero no me atrevo a cantar. ¿Qué haré? Estos me tienen cerrado porque quiero ir con vosotros hasta las urnas para ejercer mi severidad. ¡Oh Zeus, truena con furia y conviérteme de repente en humo, O en Proxénides, o en el hijo de Selo[27], charlatán infatigable! Compadecido de mi suerte, otórgame esta gracia, Númen poderoso, o si no, redúceme a cenizas con tu ardiente rayo, o arrástrame con tu impetuoso viento a una salmuera ácida e hirviente, O transfórmame en aquella piedra sobre la cual se cuentan los votos.
EL CORO.-Pero ¿quién te secuestra, cerrando la puerta? Puedes decirlo, ya sabes que hablas con amigos.
FILOCLEÓN.-ES mi propio hijo; pero no gritéis: duerme en la parte anterior de la casa; hablad más bajo.
EL CORIFEO.-¿Y qué motivos tiene para obrar as� ¿Qué pretexto?
FILOCLEÓN.-NO quiere que yo vaya al tribunal, queridos amigos, y que pronuncie penas; sólo desea que me dé buena vida y yo renuncio.