Las Avispas
Las Avispas FILOCLEÓN.-Además, cuando el Consejo y la Asamblea del pueblo no saben qué decir sobre algún grave asunto, dan un decreto para que los acusados comparezcan ante los jueces. Entonces Evatlo[42] y el ilustre Sleónimo, grande adulador y arrojador de escudos, juran no abandonarnos nunca y combatir por la muchedumbre. Y dime, ante el pueblo, ¿ha podido nunca orador alguno hacer prevalecer su opinión si no ha dicho antes que los jueces deben retirarse en cuanto hayan sentenciado un solo pleito? El mismo Cleón, que todo lo avasalla con sus alaridos, no se atreve a mordernos; al contrario, vela por nosotros, nos acaricia y nos espanta las moscas. ¿Has hecho tú eso ni una vez siquiera por tu padre? Pues, hijo mío, Teoro, el mismo Teoro, aunque no vale menos que el ilustre Eufemio[43], coge una esponja del barreño y nos limpia los zapatos. Considera, pues, de qué bienes quieres excluirme y despojarme; mira si esto es servidumbre y esclavitud, como decías.
BDELICLEÓN.-Desahógate a gusto; día llegará en que conozcas que esa tu decantada autoridad se parece a un trasero sucio.