Las Avispas
Las Avispas SOSIAS.-Creí ver en mi primer sueño, sentados en el Pnix y reunidos en asamblea, una multitud de carneros, con báculos[3] y mantos burdos; después me pareció que entre ellos hablaba un omnívoro paquidermo, cuya voz parecía la de un cerdo a quien están chamuscando.
XANTIAS.-¡Puf!
SOSIAS. —¿Qué te sucede?
XANTIAS.-Basta, basta; no cuentes más: tu sueño apesta a cuero podrido.
SOSIAS.-Aquel maldito paquidermo tenía una balanza en la cual pesaba grasa de buey[4].
XANTIAS.-! Maldición! Es la Hélade; quiere despedazar a nuestro pueblo[5].
SOSIAS.-A su lado creí distinguir a Teoro[6], sentado en el suelo con cabeza de cuervo, y además a Alcibíades, que me dijo tartajeando: «Mira, Teolo tiene cabeza de cuervo».
XANTIAS.-Nunca ha balbucido más oportunamente Alcibíades.