Las Avispas
Las Avispas BDELICLEÓN.-¿De qué? Se bate por defenderte, está de centinela en tu puerta y manifiesta, además, otras cualidades excelentes... Si cometió algún hurto, hay que perdonárselo. Evidentemente no sabe tocar la lira.
FILOCLEÓN.-¡Ojalá tampoco supiera escribir! Asà no hubiera redactado esa defensa de pillastre.
BDELICLEÓN.-Escucha a nuestros testigos, diantre de hombre. Acércate, buen cuchillo, y declara en voz alta. Tú eras entonces pagador. Responde claro. ¿No partiste las porciones que debÃan ser distribuidas a los soldados? Dice que sà las partió.
FILOCLEÓN.-Pues miente el descarado.
BDELICLEÓN.-¿Ten piedad de los humildes, diantre de hombre! ¡El infeliz Lábes siempre come espinas y cabezas de pescados; no para un momento en un sitio. Ese otro sólo sirve para guardar la casa, y ya sabe lo que se hace: asà reclama una parte de todo lo que traen, y al que no se la da, le clava el diente[54].
FILOCLEÓN.-¡Ay! parece que me ablando, me pongo enfermo...