Las Avispas
Las Avispas BDELICLEÓN.-Descuélgalo tú mismo, que yo estoy llamando a los testigos. Testigos de Lábes, compareced: son un plato, una mano de mortero, un cuchillo, unas parrillas, una olla y otros utensilios medio quemados. ¿Acabaste de hacer aguas y no vas a sentarte nunca?
FILOCLEÓN.-(Designando al acusado.) Tengo idea de que ese individuo va a hacerlas mayores.
BDELICLEÓN.-¿Cuándo acabarás de mostrarte cruel con los acusados y de enseñarles los dientes? (Al acusado.) Sube y defiéndete. ¿Por qué callas? Habla.
FILOCLEÓN.-Parece que no tiene nada que alegar.
BDELICLEÓN.-Sí; pero me figuro que le pasa lo que a Tucídides cuando, en cierta ocasión, la sorpresa le cerró la boca. (Al perro.) Retírate: yo me encargo de tu defensa. Ya comprenderéis, ¡oh jueces!, lo comprometido que es defender a un perro acusado de crimen tan atroz. Hablaré, no obstante. En primer lugar es valiente y ahuyenta los lobos.
FILOCLEÓN.-¿De qué sirve eso, si devora los quesos?