Las Ranas
Las Ranas ¡Ninfas de las montañas,
y tú, Mania, prended, prended a Glice!
Yo que estaba ¡infelice!
a mi labor atenta
el blanco lino hi-i-i-i-ilando
que mi rueca cubría,
y el ovillo formando
que al despuntar el día
en la plaza pensaba
a buen precio vender; mas él volaba
¡ay! volaba (207) y con alas incansables
por el éter cruzaba;
y penas, penas ¡ay! interminables,
me dejó solamente,
y tristezas y enojos,
y convertidos en perenne fuente
de lágrimas, de lágrimas mis ojos!
Cretenses, acudid; hijos del Ida,
con el arco homicida
en mi auxilio volad, cercad la casa;
divina cazadora,
Ártemis clara, acude con tus canes
y registra los últimos desvanes.
Hécate, hija del gran Zeus, enciende
dos antorchas, y guía
a la mansión dé la ladrona Glice;
quizá, quizá a su luz, ¡ay infelice!