Las Ranas
Las Ranas CARONTE
Sí, por Zeus, para servirte. Vamos, entra.
BACO
Ven acá, muchacho.
CARONTE
No paso al esclavo si no ha combatido en alguna batalla naval por salvar el pellejo (49).
JANTIAS
No pude, porque tenía entonces los ojos malos.
CARONTE
Pues tienes que dar la vuelta a la laguna.
JANTIAS
¿Y dónde me detengo?
CARONTE
En la piedra de Aveno (50), junto a las posadas.
BACO
¿Has entendido?
JANTIAS
Perfectamente. ¡Qué desgraciado soy! Sin duda al salir de casa tuve algún encuentro de mal agüero.
(Vase.)
CARONTE
(A Baco.) Siéntate al remo. — Si hay algún otro que desee pasar, que se apresure. — ¡Eh, tú! ¿Qué haces? (51)