Las Ranas
Las Ranas ¡Oh, qué horrenda cólera hervirá en el pecho del grandilocuente poeta, cuando vea a su facundo enemigo aguzar provocativamente sus dientes! ¡Qué terribles miradas le hará lanzar el furor! ¡Qué lucha entre las palabras de penachudo casco y ondulante cimera y las sutilezas artificiosas! ¡Qué combate de gigantescos períodos con frases atrevidas y pigmeas! Se verá al titán erizando las crines de su espesa melena y frunciendo espantosamente el entrecejo, rugir con poderoso aliento versos compactos como la tablazón de un navío; mientras el otro, tascando el freno de la envidia, pondrá en movimiento su ágil y afilada lengua, y arrojándose sobre las palabras de su rival desmenuzará su estilo y reducirá a polvo el producto de su inspiración vigorosa (127).
EURÍPIDES
No te empeñes; no he de ceder el trono, porque le soy superior en la poesía.
BACO
¿Por qué te callas, Esquilo? Ya entiendes lo que ha dicho.
EURÍPIDES
Primero se estará callando con gravedad; es una especie de charlatanería peculiar a sus tragedias.
BACO
No tanta arrogancia, amigo mío.
EURÍPIDES