Las Ranas
Las Ranas Modérate, venerable Esquilo. — Tú, mi pobre Eurípides, déjate de temeridades y escapa de esta granizada, no te acierte en la sien con alguna de esas grandiosas palabras que haga saltar a tu Télefo. — Vamos, Esquilo, calma; no discutas con esa furia. Los poetas no deben injuriarse como si fuesen panaderas; tú gritas desde el principio, como una encina a la que se prende fuego.
EURÍPIDES
Estoy dispuesto a luchar; yo no retrocedo: lo mismo me da atacar que ser atacado; admito discusión sobre cuanto quiera; sobre los versos, el diálogo, los coros, el nervio trágico, el Peleo, el Éolo, el Meleagro, y hasta sobre el mismo Télefo (132).
BACO
¿Y tú, Esquilo, qué piensas hacer?
ESQUILO