Las Ranas

Las Ranas

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Modérate, venerable Esquilo. — Tú, mi pobre Eurípides, déjate de temeridades y escapa de esta granizada, no te acierte en la sien con alguna de esas grandiosas palabras que haga saltar a tu Télefo. — Vamos, Esquilo, calma; no discutas con esa furia. Los poetas no deben injuriarse como si fuesen panaderas; tú gritas desde el principio, como una encina a la que se prende fuego.

(128) Se hace aparecer a la madre de Eurípides como verdulera.
(129) Belerofonte, Télefo y Filoctetes.
(130) Virgilio hace mención de la costumbre de sacrificar una oveja negra para conjurar las tempestades.
Nigram hiemi pecudem, Zephyris felicibus albam.
(ENEIDA, III, 120.)
(131) Alusión a Fedra, natural de Creta, y al Éolo, en que Macario viola a su hermana.

EURÍPIDES

Estoy dispuesto a luchar; yo no retrocedo: lo mismo me da atacar que ser atacado; admito discusión sobre cuanto quiera; sobre los versos, el diálogo, los coros, el nervio trágico, el Peleo, el Éolo, el Meleagro, y hasta sobre el mismo Télefo (132).

BACO

¿Y tú, Esquilo, qué piensas hacer?

ESQUILO


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