El arte de la politica
El arte de la politica Es sumamente satisfactorio favorecer y socorrer a los amigos, a los huéspedes, a los compañeros, y esta satisfacción solo nos la puede proporcionar la propiedad privada. Esta satisfacción desaparece cuando se quiere establecer esa exagerada unidad de la comunidad, así como se arranca a otras dos virtudes la ocasión de desenvolverse; en primer lugar, a la continencia, puesto que es una virtud respetar por prudencia la mujer de otro; y en segundo, a la generosidad, que es imposible sin la propiedad, porque en semejante república el ciudadano no puede mostrarse nunca liberal, ni ejercer ningún acto de generosidad, puesto que esta virtud solo puede nacer con motivo del destino que se dé a lo que se posee.

Sin duda, la comunidad y la familia deben tener una especie de unidad, pero no una unidad absoluta. Con esta unidad, llevada a cierto punto, la comunidad ya no existe. O si existe, su situación es deplorable, porque está siempre en vísperas de no existir. Esto equivaldría a intentar hacer un acorde con un solo sonido, o un ritmo con una sola medida.
Por medio de la educación es como conviene atraer a la comunidad y a la unidad de la comunidad, que es múltiple, como ya he dicho.
