El arte de la politica
El arte de la politica Se dice, y esto con razón, que no se puede mandar bien sin haber sido mandado […]. El buen ciudadano debe saber y ser capaz de dejarse gobernar y de mandar. En eso consiste, precisamente, la virtud del ciudadano: en conocer el gobierno de los hombres libres en uno y otro sentido.

La única virtud especial exclusiva del mando es la prudencia; todas las demás son igualmente propias de los que obedecen y de los que mandan.

El ciudadano que obedece es como el fabricante de flautas. El ciudadano que manda es como el artista que debe servirse del instrumento.

Siempre que el régimen esté cimentado sobre la igualdad y la semejanza de sus ciudadanos, merece la pena que [las magistraturas] se desempeñen por turno […]. Sin embargo, por las ventajas que se derivan de los cargos públicos y del poder, los hombres tratan de perpetuarse en el gobierno.
