Retorica
Retorica Vista a esta luz, la estructura del razonamiento retórico, como determinación de la relación de probabilidad que une a dos proposiciones dadas a través de una tercera que sirve de término medio, no se modifica en absoluto; pero la búsqueda de ese término medio se hace depender ahora de la determinación de aquellas materias que suministran —o, si se prefiere al contrario, que contienen— los «elementos pertinentes» de la persuasión. Tales materias son, de suyo, las que delimitan las tres clases de písteis, en las que, por las razones que lentamente ha ido descubriendo Aristóteles, se hallan los elementos pertinentes conformadores de la propiedad persuasiva de las especies. Ahora bien, con esto, la retórica pierde la indeterminación propia de los lugares comunes, adscribiéndose a un campo temático concreto que la constituye como un saber, como una téchne particular. La retórica puramente formal se convierte en un arte específico, en un dominio de conocimientos materiales. Y de este modo, en fin, de una concepción de la retórica como antístrofa de la dialéctica, cuyos silogismos se construyen a partir de cualesquiera premisas «tomadas de tantos modos cuantos se toma la proposición», se pasa —según la gráfica fórmula de I 2, 1356a25-26— a una concepción de la retórica como un «esqueje» (paraphyés), como una rama autónoma de la dialéctica, que sólo puede ejercitarla «quien tiene la capacidad de razonar mediante silogismos y posee un conocimiento teórico (theorêsai) de los caracteres, las virtudes y las pasiones»[306].