Retorica
Retorica Al especializar el arte retórico, aplicándolo, como una téchne particular a un ámbito especÃfico de materias, Aristóteles ha tendido a distinguir los razonamientos dialécticos de los retóricos. El «ejemplo» (parádeigma) —del que se ocupa I 2, 1357b25-36 y, de un modo sistemático II 20— se presenta, asÃ, como paralelo a la inducción dialéctica, pero su definición sigue más las de An. Pr. II 23, 66b15 ss., y II 24, 68b38 ss., que la de Tóp. I 12, 105a13-19, en el sentido de que trata más de establecer un nexo persuasivo mediante una relación de semejanza (de la parte con la parte) que no un enunciado general a partir de enunciados particulares. Desde este punto de vista (y como señalo en la n. 63 al libro I), el ejemplo constituye una regla general plausible y se diferencia de la inducción por lo que razona An. Pr. II 24, es decir, porque, mientras que la inducción «no enlaza la conclusión con el término menor…, el ejemplo sà los enlaza»[320]. Por su parte, entre el ejemplo y el entimema, Aristóteles sitúa —en el cap. II 22— un estudio sobre las «máximas» (gnômai); pero las reduce, en cuanto que prueba lógica, a entimemas abreviados[321]. Y en lo que atañe al «entimema» mismo (enthýmema) —al que se refiere, en particular, I 2, 1358a1-9, y el cap. II 22—, el filósofo lo distingue claramente del silogismo dialéctico, vinculándolo a un modelo singularizado del silogismo, cuyas figuras son las que analiza An. Pr. II 27, 70a10-b30[322].