Retorica
Retorica Por otra parte, para el elogio y la censura son pertinentes también <lugares comunes> cercanos a los que les son propios, como si fueran iguales a ellos —presentando, por ejemplo, al precavido como frÃo y calculador, al 35simple como honesto o al insensible como pacÃfico— y además <aprovecharse> en cada caso de estas semejanzas siempre en el sentido de lo mejor.[233] AsÃ, <hay que presentar> al que es iracundo y furioso como franco, al arrogante como magnificente y digno, y a cuantos 1367bmuestran algún tipo de exceso como si poseyeran las correspondientes virtudes —por ejemplo, al osado como valeroso y al manirroto como liberal—, pues esto es, en definitiva, lo que le parecerá a la mayorÃa de la gente y, al mismo tiempo, <permitirá obtener> un paralogismo a partir de la causa.[234] Porque, en efecto, si uno está dispuesto a afrontar un peligro sin ser 5necesario, mucho más parecerá estarlo allà donde se trate de algo bello; e, igualmente, si es derrochador con el primero que llega, lo será también con los amigos; pues el hacer bien a todos es <lo que constituye> el exceso[234bis] de virtud.