Retorica
Retorica Con esto, en fin, la dialéctica simula la ciencia[96]: el dialéctico se sirve de lo que es más o menos objeto de opinión común (instituyendo así, en el mundo de la dóxa, un paralelismo con lo que, en el orden de la ciencia, es la distinción entre lo más cognoscible y lo menos cognoscible) y, a partir de ello, obtiene proposiciones verosímiles que pueden formar parte de razonamientos análogos a los razonamientos científicos (o sea, que pueden utilizarse como premisas de silogismos o como enunciados de inducción). Ahora bien, si en virtud de esta reorganización metodológica, la dialéctica se orienta ya de una forma definitiva en una dirección que va de las opiniones a las cosas —de lo plausible a lo probable—, es precisamente en este punto donde un completo desarrollo de su programa le obliga a dividirse en dos disciplinas complementarias. La «probabilidad» no transforma ciertamente en casos saturados (científicos) las proposiciones del dialéctico ni remonta tampoco el carácter de todos modos lingüístico de la referencia: como lo resume Le Blond[97], no hay en Aristóteles una teoría de la probabilidad al margen de la dóxa. Pero entonces la dirección que va de las opiniones a las cosas tiene que ser complementada, a su vez, con una dirección que va del investigador a su auditorio. El problema de establecer, mediante el diálogo interno de la dialéctica, los enunciados más probables halla su réplica en el problema de persuadir de ellos mediante el diálogo exterior objetivado en los discursos. O dicho con otras palabras: supuesta la no necesidad de las tesis del dialéctico, al análisis de las condiciones que hacen posible su función designativa (su mayor cuota de verdad, en el sentido platónico) debe seguir el análisis de las condiciones que hacen posible su comunicación. Y tal análisis es el que desarrolla la retórica.