Retorica
Retorica Asà pues, éstas son las cosas dignas de temerse y también, por asà decirlo, poco más o menos las principales que causan miedo. En cuanto al estado en que se hallan los que sienten miedo, lo trataremos ahora. Porque, ciertamente, si el miedo se produce acompañado de un cierto presentimiento de que se va a sufrir una afección 30destructiva, es claro entonces que, entre los que creen que no puede ocurrirles ningún mal, ninguno tiene miedo, y que tampoco <se teme> a las cosas, personas y momentos que se piensa no pueden provocarlo. Por consiguiente, es forzoso que tengan miedo quienes creen que van a sufrir algún mal y ante las gentes, cosas y momentos <que pueden provocarlo>. Por su parte, creen 1383aque no pueda ocurrirles ningún mal aquellos que están o creen estar en situaciones de gran fortuna (y de ahà que sean soberbios, despectivos y temerarios, pues de esa condición los hace su riqueza,[81] su fuerza, su éxito social y su poder), asà como aquellos que consideran haber sufrido ya toda clase de desgracias y permanecen 5impasibles ante el futuro, como ocurre con los que alguna vez han sido apaleados.[82] <Para sentir miedo> es, más bien, preciso que aún se tenga alguna esperanza de salvación por la que luchar. Y un signo de ello es que el temor hace que deliberemos, mientras que nadie delibera sobre cosas desesperadas.[83] Por lo tanto, conviene poner a los <oyentes>, cuando lo mejor sea que ellos sientan miedo, en la disposición de que puede 10sobrevenirles un mal (pues también lo sufrieron otros superiores a ellos) y mostrarles que gentes de su misma condición lo sufren o lo han sufrido, y, además, de parte de personas de las que no cabrÃa pensarlo y por cosas y en momentos que no se podrÃan esperar.