Retorica
Retorica Naturalmente, no es mi intención discutir aquí sobre los problemas que plantean las lecturas genéticas de Aristóteles, con respecto a las cuales la bibliografía actual está situada, sin duda, en un nivel de franca superación[107]. Por una parte, sus conclusiones no han resultado mutuamente concordantes e incluso, como es el caso de I. Düring, han sido discutidas en sus mismas bases filológicas. Para este autor, en efecto, si se exceptúan los cap. II 23-24 (que, a su juicio, deberían identificarse con los Enthymemáton diairéseis, núm. 86 del catálogo de Diógenes, y fecharse unos veinte años después que el resto de la obra), los libros I-II de la Retórica componen un escrito globalmente unitario, concebido en las coordenadas de la disputa con Isócrates y todo él vinculado al período académico de Aristóteles; y en cuanto al libro III formaría, según esa hipótesis, un escrito aparte (el que figura, como ya dije, con el título Perì léxeos, núm. 87 de Diógenes), que sólo con posterioridad a la muerte del filósofo habría sido añadido por algún editor anónimo al cuerpo de la obra[108]. Esta reconstrucción de Düring veremos inmediatamente que es en realidad poco sólida. Sin embargo, al centrar su interés en la unidad de la escritura de Aristóteles, delimita con ello, por otra parte, lo que de todos modos es la objeción básica que puede ponerse a las interpretaciones genéticas. A saber, por decirlo con las palabras de P. Aubenque, que sustituyen «la comprensión horizontal, que multiplica las conexiones del sistema (…) por las diferentes etapas de un problema o de una noción»[109]. El resultado es un predominio de lo discontinuo y el fragmento, en donde la coherencia del filósofo es sacrificada a la metodología del intérprete o, dicho de otra manera, en donde la lectura sintética de las obras es preterida en favor de una lectura analítica de sus conflictos. Ahora bien, con esto no se gana nada respecto del estado de cosas resultante de los estudios del siglo XIX: en ambos casos, ciertamente, y lo mismo si se utilizan perspectivas sincrónicas que diacrónicas, lo que cabe plantear es si resulta plausible que el filósofo haya pasado de una tesis a otra distinta, sin reparar en las consecuencias globales de su pensamiento, o si más bien las presuntas contradicciones pueden ser disueltas mediante exámenes o hipótesis de orden general que las justifiquen. Este último punto de vista, que, por lo que atañe a la Retórica, no hace más que seguir el criterio ya formulado a finales del siglo XIX por E. Cope[110] y razonado en los años 30 por H. Throm[111], es seguido ahora por W. H. Grimaldi (que polemiza abiertamente con los métodos genéticos) y por J. Sprute (que tiene, en cambio, tales métodos por irrelevantes)[112].