Retorica
Retorica XI. Otro <lugar común> se obtiene del juicio sobre un caso igual o semejante o contrario;[346] sobre todo, si asà <lo han juzgado> siempre todos los hombres, o, si no, por lo menos la mayorÃa, o los que son sabios —sean, también éstos, todos o la mayorÃa— o los que son buenos; e, igualmente, si <lo han juzgado> asà los que a su vez juzgan, o aquellos cuya autoridad admiten los que juzgan o a cuyo juicio no es posible oponer25el contrario, como <ocurre> con los que tienen el poder o con los que no serÃa bello contradecir, como son los dioses, el padre o los maestros. Tal es el caso de lo que Autocles dijo a Mixidémides: «¿A los dioses venerables les está bien haberse sometido a los jueces en el Areópago y a Mixidémides no?».[347] O lo que <dijo> Safo de que morir es un mal, «pues asà lo juzgan los 30dioses, ya que <, si no,> morirÃan ellos».[348] O como Aristipo respondió a Platón, quien, a su parecer, le habÃa hablado con demasiada petulancia: «SÃ, pero nuestro compañero —refiriéndose a Sócrates— no habrÃa hablado asû.[349] También HegesÃpolis preguntó al dios, en Delfos, después de haber consultado el oráculo en Olimpia, si tal opinión era la misma que la que 1399asostenÃa su padre; porque serÃa vergonzoso llevarle la contraria.[350] O lo que Isócrates[351] escribió sobre que Helena era virtuosa, puesto que asà la juzgó Teseo; y lo mismo Alejandro, ya que lo habÃan preferido los dioses. Y también de Evágoras <escribió> que era virtuoso, 5porque, como lo dice Isócrates, «cuando Conón se vio desterrado, olvidándose de todos los demás, acudió a Evágoras».