Retorica
Retorica Admitido, pues, que sólo corresponden a la sustancia de la argumentación retórica los enunciados que se seleccionan dià toû lógou a partir del asunto o prâgma del discurso, Aristóteles ha de establecer ahora el marco global en donde deben buscarse los lugares de la persuasión. Esta parte de la Retórica, sin duda la más influyente y la que más ha vinculado el nombre del filósofo a la historia de la elocuencia, se halla, sin embargo, muy cerca de las antiguas Téchnai y de las tradiciones retóricas anteriores. Aristóteles razona que los lugares de la persuasión que nacen del prâgma del discurso sólo pueden determinarse por las clases o géneros de discursos que existen[133]. Y tales son los discursos que tratan de la deliberación sobre asuntos que pueden suceder o no, los que hacen el elogio de héroes o personajes celebrados y los que dirimen pleitos en los tribunales. Ahora bien, los celebérrimos tres géneros oratorios que de este modo resultan —deliberativo, epidíctico, judicial— tienen ya una larga, por más que oscura, tradición en Grecia. Aristóteles ha debido tomarlos de específicas reflexiones platónicas sobre el asunto, como lo sugiere un pasaje de Fedro 261 c-e[134]; pero también los cita el autor de la Retórica a Alejandro (con toda seguridad Anaxímenes de Lampsaco y no Aristóteles) en el contexto de una complicada enumeración de géneros y especies[135]; y de diversas maneras aparecen también en la retórica sofística y en Isócrates’[136]. Nuestro filósofo parece haberse reducido, así pues, a introducir en un magma de materias densamente elaboradas una simplicidad y un orden sistemático que proceden directamente de su conformación de la retórica según el modelo de Tópicos. En efecto: a partir de los tres géneros oratorios y mediante un ordenamiento de los téle o finalidades de los discursos («cuya forma dicotómica —como lo dice Solmsen— delata su origen platónico»[137]) queda formalizada una red o trama estructural, en la que se objetivan sistemáticamente los lugares de la persuasión. Según propone I 3 —que, por los motivos dichos, pertenece sin duda a la primera versión de la Retórica[138]—, tal red atiende a lo que es conveniente o perjudicial (en el género deliberativo), bello o vergonzoso (en el epidíctico) y justo o injusto (en el judicial), de modo, en fin, que de los lugares correspondientes a estos téle dicotómicos se obtienen enunciados persuasivos para, en cada caso, el consejo o la disuasión, el elogio o la censura y la acusación o la defensa.