Retorica

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La incongruencia entre nuestros caps. I 1 y I 2 (y sus pasajes concordantes) es en este punto insuperable y todos los esfuerzos por reducirla han resultado inútiles[129]. Mientras que I 2 admite los afectos como pruebas de persuasión, su rechazo es absoluto en I 1: el talante no se menciona y los argumentos pasionales, que se hacen mirando sólo a conmover al juez (pròs tÈn dikastén), son excluidos vehementemente[130]. Por su parte, el cap. III 17 —también aquí como la vez anterior, aunque ahora por un motivo más hondo que luego estudiaremos— presenta una visión más matizada: el éthos del orador se admite (en su versión retórica tradicional), si bien sólo como elemento de apoyo o para el caso de que se carezca de entimemas[131]. Y en cuanto a las pasiones de los oyentes, aun si con toda clase de reparos —actitud ésta que se repite en muchos otros pasajes como un signo inequívoco de la primera Retórica—, son también incluidas, pero sólo per accidens y por razón de la «incapacidad del auditorio», en cuyo caso debe excluirse el uso de los entimemas[132].






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