Retorica
Retorica Sin duda, todos estos argumentos —a los que algunos autores, y entre ellos Tovar, han prestado oÃdos— pueden parecer plausibles. Pero, en rigor, hay que decir que son escasamente convincentes. En primer lugar, no alteran para nada la sustancia de las razones tradicionales que llevaron a considerar la Ret. a Alejandro como una obra espúrea y a atribuÃrsela a AnaxÃmenes de Lámpsaco, retórico y orador discÃpulo del sofista antiisocrático Zoilo y, no obstante, aproximado después a los cÃrculos de Isócrates[193]. La crÃtica renacentista (Victorio) e ilustrada (Buhle) fijaron esta autorÃa basándose en el testimonio de Quintiliano, Inst. Orat. III 4, 9, cuyo resumen de la obra de AnaxÃmenes concuerda estrictamente con el contenido de nuestra Ret. a Alejandro[194]. Pero una prueba aún más inapelable es la aparición del Papiro de Hibeh (núm. 43 P.), de la 1.ª mitad del s. III a. C., que reproduce bajo el nombre de AnaxÃmenes extensas partes de nuestro escrito[195]. En segundo lugar, la pretendida concordancia entre la Retórica de Aristóteles y la dedicada a Alejandro es menos relevante de lo que propone Gohlke. Como ha analizado M. Fuhrmann[196] en una espléndida monografÃa, la obra se halla más bien en el contexto de la retórica sofÃstica: la asociación y la antÃtesis son sus herramientas principales; la exposición se basa todavÃa más en prescripciones particulares que en un sistema establecido de razonamientos; la persuasión no aparece restringida por ninguna reserva moral; y las subdivisiones temáticas forman parte de una enumeración de recursos (al modo de las Téchnai sofistas) más bien que de una articulación de las materias retóricas. Por último, y en tercer lugar, tampoco los argumentos de Gohlke, que he llamado negativos, resultan verosÃmiles, por cuanto nunca se ha sostenido que el falsificador fuese el autor de la obra (que en ningún momento da pábulo a la ambigüedad), sino el de la carta pseudoepigráfica que le sirve de prólogo, personaje sin duda diferente y cuya intención de hacer pasar la obra por aristotélica halla una fácil explicación en el clima de apogeo de la monarquÃa de Alejandro.