Retorica
Retorica Esta nueva técnica precisará, naturalmente, una sistematización Ãntegra del punto de vista retórico que reconsidere a esta luz el cuerpo entero de las proposiciones persuasivas. A su vez, ello requerirá buscar una nueva fuente de enunciados, que no esté ya puesta sólo en los lugares lógicos de las definiciones dialécticas, sino también en los motivos psicológicos en que se genera la léxis. Todo esto llevará a Aristóteles a concebir una segunda Retórica, de cuya naturaleza y contenido vamos a ocuparnos inmediatamente. Pero antes hay que decir, en fin, que si tal ampliación de la temática retórica ha sido inducida por los análisis sobre la léxis, por su parte, las condiciones mismas de esta ampliación explican suficientemente las causas por las que Aristóteles ha debido unir a su Retórica renovada su viejo Perì léxeos. Una vez admitida una retórica de enunciados (y no sólo de lugares), el binomio fondo/forma cambia efectivamente de carácter, de modo que deviene un hecho esencial el «aparecer», el «manifestarse» del discurso. Es preciso estudiar la léxis, porque «no basta con saber lo que hay que decir, sino que también es necesario decirlo como se debe, lo cual contribuye mucho a que se manifieste de qué clase es el discurso»[250]. Este «manifestarse» (tò phanénai) del discurso es lo que establece, por decirlo con la fórmula de Ricoeur[251], el «lugar retórico» de la léxis: el lugar que se abre al hecho de que, una vez halladas «las materias (prágmata) por las que se obtiene la persuasión», resulte imprescindible «investigar cómo estas materias predisponen los ánimos mediante la expresión»[252].