El juguete rabioso

El juguete rabioso

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Me agradaba escucharle. Lo hacía con sentimiento; se comprendía que cantando evocaba los parajes y momentos de ensueño transcurridos en su patria.

Cuando Monti me recibió de corredor a comisión, entregándome un muestrario de papeles clasificados por su calidad y precio, dijo:

—Bueno, ahora a vender. Cada kilo de papel son tres centavos de comisión.

¡Duro principio! Recuerdo que durante una semana caminé seis horas por día inútilmente. Aquello era inverosímil.

No vendí un kilo de papel en el trayecto de cuarenta y cinco leguas. Desesperado entraba a verdulerías, a tiendas y almacenes, rondaba los mercados, hacía antesala a farmacéuticos y carniceros, pero inútilmente.

Unos me enviaban lo más cortésmente posible al diablo, otros decíanme pase la semana que viene, otros argüían: "¡Yo ya tengo corredor que hace tiempo me sirve!", otros no me atendían, algunos opinaban que mi mercadería era excesivamente cara, varios demasiado ordinaria y algunos raros, demasiado fina.

A mediodía, llegado al escritorio de Monti, me dejaba caer en una pilastra formada de resmas de papel y permanecía en silencio, atontado de fatiga y desaliento.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker